13.2.11

Mallos de Riglos

Este fin de semana hemos visitado Los Mallos de Riglos, en la provincia de Huesca y me dejó tan impresionada, que no puedo evitar mostrar alguna de las fotografias que sacamos...





El Puro, El Pisón, Castilla, Cuchillo, Visera o Fire son alguno de los nombres con los que se conocen estas agujas, cuyas paredes están surcadas por gran número de itinerarios de escalada por los que han pasado la mayor parte de alpinistas españoles. Para el viajero más reposado, estas piedras gigantescas, labradas durante siglos por la erosión son sólo objeto de admiración. La más bella panorámica del los Mallos se observa desde el monumento erigido a los célebres montañeros Rabada y Navarro, a la entrada del pueblo de Riglos. También merece la pena una aproximación a la base de estas desafiantes paredes para deleitarnos viendo de cerca como le van ganando altura los atrevidos escaladores.





 Protegido de las impresionantes paredes anaranjadas de los Mallos, se encuentra el pueblo de Riglos, punto de partida de estas aventuras montañeras. De su patrimonio artístico destaca el templo parroquial, un edificio del s. XVII que alberga las tallas románicas de la Virgen del Mallo y de la Virgen de Carcavilla. En el mismo término  también se encuentran restos de una fortificación de la segunda mitad del siglo XI, una necrópolis de lajas y la ermita de San Martín, templo románico del siglo XII con ménsulas figurativas y un bello crismón en el tímpano de su entrada.

  
Es un fenómeno irrepetible en Europa. Uno de los más bellos paisajes de la península Ibérica. Desde el punto de vista geológico, estas formaciones son el resultado de los sedimentos con cantos rodados cementados por grava y arena, que tuvieron su origen en los conos de deyección de cauces que vertían hacia la antigua depresión central del Ebro. Estos depósitos aluviales se elevaron por plegamientos de las capas inferiores y posteriormente erosionados, dando lugar a estas impresionantes paredes que superan los trescientos metros de altura en vertical. Su color rojizo, debido al predominio de hierro y arcillas, aumenta la espectacularidad del paisaje, sobretodo al atardecer. Resulta casi increíble que estos peñascos de tal dimensión formaran parte de los fondos marinos.
La observancia de los Mallos estimula inevitablemente la imaginación. En ellos se descubren mil siluetas, enormes castillos, silenciosos guardianes del pirineo o por su mera grandeza, incluso, atraen el recuerdo de aquella persona amada. Pero en el caso de los Riglos más que jugar con la imaginación es preferible observar la realidad, que en este caso, como en tantos otros, es más bella que la fantasía.

Fotos propias y texto sacado de www.revistaibérica.com

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